La educación no puede obviar ni reducir la importancia de la formación artística para todos y todas. Independientemente de nuestra inclinación profesional, nuestro talento personal e intereses de conocimiento, el arte nos revela y amplia el mundo y pensamiento.
La información con la que contamos sobre la modificación al Curriculum Nacional Base (CNB) es confusa y tendenciosa. Sin embargo, declaraciones como esta –especialmente de la persona a cargo de la cartera de educación–, preocupan pues nos habla del desprecio hacia la formación cultural de las próximas generaciones. Es imperdonable que trate este tema como un tópico de segunda clase. Ha olvidado, quizá porque no se ha percatado, de lo que aporta a la formación del ser humano el arte y la música. El arte fue la primera forma de comunicación. Desde las cavernas prehistóricas hemos producido arte para expresarnos con nuestros compañeros. Los dibujos en las cuevas fueron también la primera escuela de conocimientos para el hombre que aprendió, gracias al arte, desde la cacería hasta la espiritualidad.
Separarnos del arte es imposible porque corre por el mismo camino que andamos, pero estas medidas que buscan condicionar y reducir la exposición a nuevas mentes potencialmente creadoras, sólo nos hundirá en una temporada oscura para la cultura nacional. Por ejemplo, sin niños que desarrollen un oído musical y conozcan la solfa, partituras y ritmo, la música de la marimba (símbolo patrio) se verá en periodo de degradación y en peligro de extinción. Serán adultos que crecerán sin notar la importancia de entregarse a una melodía y notar la sutileza de emociones que se pueden experimentar en una canción. Sin estudiantes que dibujen o pinten, formamos una generación que luchará por darse a entender más allá de un lenguaje escrito, a través de esquemas, planos o esketches. Ahí se perderían muchas vocaciones de las carreras de arquitectura, ingeniería, publicidad y diseño industrial. ¿Quiénes diseñarán el futuro?
Mi formación musical y artística no fue nada especial, aprendí mucho pero nunca destaqué. Sin embargo, al ver esas imágenes en mis libros de texto, empecé a notar lo importante que el arte es para mí. Yo, ese niño retraído y tímido que no entendía bien a la sociedad que me rodeaba, pero que miraba con ojos abiertos la genialidad del mundo y soñaba con absorber con la vista todas las láminas qué encontraba, ahora puedo decir que esos textos me llevaron a ser, hoy, un crítico. Me he abierto espacios, como este blog, el campo del arte nacional. Hoy puedo decir que la educación desde la primaria me forjó, tal vez sin notarlo, en este campo donde mi objetivo es despertar curiosidad a todos y que cada quien encuentre, en alguna rama del arte, el interés y el objetivo de lo que quiere ser, porque el arte es universal. Señor Ministro, el arte no depende de usted ni de su postura. El arte resiste y trasciende, tal vez si hubiera puesto más atención, lo entendería. Usted no es adecuado para representar la educación en Guatemala, deje ese trabajo, por favor.
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